En la ventilación espontánea, durante la inspiración, un individuo genera presiones intratorácicas negativas al aumentar el volumen torácico gracias a la musculatura respiratoria (principalmente el diafragma).
La presión en el interior del tórax se hace menor que la atmosférica, generando así un gradiente de presiones que provoca la entrada de aire a los pulmones para equilibrar esa diferencia.
Está completamente contraindicado en pacientes con apnea del sueño obstructiva, y hoy día solamente se usa en algunas ocasiones, especialmente en enfermedades musculares neurológicas.
La espiración es un proceso totalmente pasivo, que se da gracias a la elastancia pulmonar.
Para programar el ventilador con un patrón de respiraciones adecuado para cada enfermo hay que tener en cuenta 3 conceptos: 1.
CPAP (continuous positive airway pressure) o presión positiva continua en la vía aérea: el método más sencillo de ventilación.
Es una modalidad de soporte parcial (requiere que el paciente tenga estímulo respiratorio propio).
Este método asegura que nunca se sobrepasará un límite de presión fijado; permitirá que un pulmón en mejoría el volumen sea cada vez mayor; y evitará riesgos producidos por volúmenes demasiado altos.
El ventilador calcula la presión necesaria para alcanzar ese volumen basándose en datos de respiraciones previas.
De esta manera cada respiración se adapta a la situación del sistema respiratorio.
Requiere un estímulo respiratorio presente en el paciente y el ventilador no realiza todo el trabajo.
Por otro lado, puesto que la ventilación mecánica sólo es utilizada para proveer asistencia ventilatoria al paciente y no para curar su enfermedad, únicamente debe ser usado en casos en los que la situación del paciente sea reversible y/o corregible con el tiempo.
La neumonía intrahospitalaria (NIH) en la mayoría de los casos, se asocia con la ventilación mecánica.
Los organismos gram-negativos predominantes en la NIH son particularmente P. aeruginosa, A. baumannii y Enterobacteriaceae.
La disminución del retorno venoso aumenta los edemas periféricos, presentes en la mayoría de los enfermos que requieren ventilación mecánica prolongada.
Por otro lado la presión positiva intraalveolar se transmite también a los capilares pulmonares, con lo que pueden aumentar las resistencias vasculares pulmonares, debido a lo cual el ventrículo derecho tiene que trabajar con presiones elevadas y se dilata.
En estos casos es necesario el tratamiento del shock mediante el aporte de líquidos y, si es preciso, drogas vasoactivas.
Estos dos mecanismos son capaces de perpetuar la lesión pulmonar y desencadenar una respuesta inflamatoria que se propague a otros órganos.