Al principio, los 11 seminaristas se instalaron en Cubas de la Sagra (Madrid).
Aun así, los seminaristas se seguían desplazando para estudiar a Madrid.
Me es grato concluir este importante documento con las siguientes recomendaciones conciliares: “El deber de fomentar las vocaciones atañe a toda la comunidad cristiana” (O.T.
“Todos los sacerdotes consideren el Seminario como el corazón de la diócesis y préstenle con gusto su personal colaboración” (ib.
Me propongo, por mi parte, seguir gustosamente las consignas del propio Concilio Vaticano II, a saber, “alentar con asidua y atenta predilección a cuantos trabajan en el Seminario y mostrarme a los seminaristas como verdadero padre en Cristo” (Ib.