Hasta los dieciséis años vivió con su familia en la carrera de San Jerónimo, pero al acabar la guerra se independizó y comenzó la carrera de Arquitectura.
Fue un notable explorador y montañero, afición gracias a la cual conoció a su mujer, María de la Luz González Parrado y de Velasco, actual marquesa de Llano.
Al acabar la carrera, en 1951, se le concedió el Premio Nacional de Arquitectura y comienza su andadura como arquitecto, dejando apartadas el resto de sus aficiones.
En 1964 se doctoró con una tesis sobre las cubiertas del Monasterio de El Escorial.
Viajó frecuentemente a Europa, Estados Unidos e Hispanoamérica.