En Salamanca escribió dos de sus principales obras, Textos fundamentales para la historia, fundamento de la particular pedagogía que desplegaba en su cátedra, y su Fernando VII.
También allí entabló amistad con importantes académicos de su generación que enseñaban en esa misma universidad - Francisco Tomás y Valiente, Koldo Mitxelena y Fernando Lázaro Carreter - y trabó contacto con sus principales discípulos que le acompañarían a la recién creada Universidad Autónoma de Madrid, a dónde se incorporó en 1969.
Asimismo, fue colaborador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
[5] Su ámbito cronológico de máxima especialidad fue el primer tercio del siglo XIX.
Sin embargo, escribió obras de gran ambición sobre periodos diversos y amplios.