Gran éxodo del este

Los aviones sobrevuelan la península casi sin interrupción y dejan caer sus bombas sobre la muchedumbre, atacando con ametralladoras los pequeños buques que surcan activamente la bahía de Dantzig.

En la costa, entre la desembocadura del Vístula y la del Nogal, así como en la Frische Nehrung, existe todavía una especie de frente que debe intentar mantenerse hasta que el último alemán haya sido trasladado a Hel (Hela en alemán).

Los ingleses avanzan ya en dirección a los puertos, mientras que los rusos y americanos disputan una carrera para ver quién alcanza primero Alemania central.

De no hacerlo así, los ataques aéreos se concentrarían en las diversas poblaciones todavía conservadas por los alemanes.

El último ejemplo fue dado por los franceses, quienes, en 1942, destruyeron la suya cuando los alemanes atacaron Tolón por sorpresa.

En consecuencia Döenitz se esfuerza por retardar todo lo posible la entrada en vigor de la capitulación.

Todos saben el plazo que tienen: dos días completos… Los rusos ocuparán los puertos exactamente a las doce, en la noche del 8 al 9 de mayo.

Todos los que no hayan podido ser salvados hasta esa hora, serán hechos prisioneros.

Los oficiales a cargo de esas naves se esfuerzan por constituir con todos ellos convoyes ordenados.

Las tripulaciones destruyen o arrojan al mar todo lo que no es estrictamente indispensable para la postrera travesía.

Los rusos han adivinado las intenciones de los alemanes y hacen todo lo posible para evitar la huida.

Los buques son llevados precipitadamente a los puntos de embarque, donde afluyen los soldados feldgrau, que se derramen en oleadas sobre los muelles.

En cuanto los buques están llenos se dirigen hasta el antepuerto donde esperan a los demás.

A las 16 cuando la mitad de las tropas están embarcadas se recibe otro telegrama que dice: “Atención.

Alrededor de las 19 aparecen en el horizonte unos carros rusos y abren fuego sobre los buques que zarpan.

Los carros de combate rusos disparan sobre los que ya están navegando aunque sin causarles daño.

El grupo de Copenhague al otro lado del Báltico, también estaba dedicado a febril actividad.

Los cruceros “Prinz Eugen” y “Nürnberg”, que ya se encuentran allí, varios destructores y torpederos entran el 4 de mayo en el puerto militar que se halla completamente lleno.

Cuando más avanzan al este, encuentran embarcaciones pequeñas atiborradas de refugiados que se dirigen hacia el oeste: incluso hay una grúa flotante.

Los destructores que tienen una tripulación de 300 hombres esperan sen cargados con cinco veces más esa cantidad.

Se lamenta el contralmirante Holt, porque no tiene autoridad para dejar partir una sola nave de aguas danesas.

El vicealmirante Kreisch, entonces formula otra petición: los buques podrían seguir la costa danesa hasta la bahía de Flensburgo, si desembarcan a los refugiados en Kupfermühle frente a Flensburgo, no saldrán de las aguas jurisdiccionales.

Actuó como traductor alemán, una mujer; al terminar la conferencia, el contralmirante Holt lleva a un lado al vicealmirante Kreisch y le suplica: “… que la próxima vez se procure un intérprete masculino, me resulta muy desagradable verme obligado a decir no tantas veces a una mujer…” Mientras tanto la flota que quedó fueras de aguas jurisdiccionales danesas, es socorrida por dos buques vacíos y los refugiados son transferidos; así mismo llegan dos destructores, un torpedero y un petrolero que los abastece de combustible.

“Curry” es el apodo del almirante Thiele, por tanto, la orden significa, pues, alcanzar Hela para embarcar nuevos refugiados.

Cuando zarpan hacia las 23H55, deberían, de acuerdo con un telegrama recibido, dirigirse a un puerto ocupado por los rusos.

En el convoy no hay ya armas disponibles, los cañones han sido desmontados desde la entrada en vigor del armisticio.

Mientras tanto, uno de los buques soviéticos intentaba abordar al “Rugat”, mientras los otros dos se habían colocado en posición favorable para lanzar sus torpedos.

El “Rugat” no tiene compartimentos estancos, eso quiere decir, que un solo torpedo lo mandaría al fondo del mar.

Los alemanes protegidos por el mar humano que se forma en la cubierta, han vuelto a colocar un cañón de 88 mm.

Los otros buques rusos se colocan a ambas bandas y abandonan el combate, no sin antes disparar dos torpedos que pasan rozando la popa del “Rugat”.