Las serpientes, al igual que otros reptiles, tienen la piel cubierta de escamas.[1] Las serpientes están completamente cubiertas con escamas o escudos queratinosos, de diversas formas y tamaños.Las escamas protegen su cuerpo y, ayudan en la locomoción, permiten mantener la humedad dentro del mismo, alteran las características superficiales tales como rugosidad para ayudar en el camuflaje, y en algunos casos aun les son útiles en la captura de sus presas (por ejemplo en Acrochordus).Los patrones de coloración simples o complejos (que les ayudan a mimetizarse y muestran una actividad contra la depredación) son una propiedad de la piel subyacente, pero la naturaleza plegada de la piel escamada permite que la piel brillante oculta entre las escamas sea luego revelada para asustar a los depredadores.[2] Es para que las serpientes se puedan mover mejor y con mayor fuerza de movimiento.[3] Las serpientes recogen vibraciones tanto del aire como de la tierra, y pueden diferenciar los dos, usando un sistema complejo de resonancias internas (que tal vez involucre a las escamas).[4] En las serpientes, la escama anal está justo enfrente y cubriendo la abertura cloacal.Ocasionalmente, el término escama ocular se usa sin prefijo, en cuyo caso se refiere específicamente a las lentillas transparentes, también conocidas como gafas o anteojos[8] o tapa del ojo.Una vez nacido, una serpiente no posee párpados y las lentes llevan a cabo algunas de estas funciones.En serpientes, hay dos tipos diferentes de escamas labiales: supralabiales y sublabiales.Estas son las primeras filas de escamas dorsales en ambos lados del cuerpo y generalmente son un poco más grandes que las escamas ubicadas más dorsalmente.[10] El término paraventral también puede referirse al área a cada lado de las escamas ventrales.En muchas especies de boidos y viperidos, las escamas supraoculares están muy fragmentadas.