Un heredium (plural en latín: heredia), en la Antigua Roma, era una medida de superficie, cuya extensión correspondía a dos veces una yugada (lat.
iūgerum), actualmente 5039,8 m2 (alrededor de media hectárea).
[2] En la Roma primitiva, según la tradición, las tierras fueron distribuidas a las familias que contribuyeron a la fundación de Roma por el propio Rómulo, quien las entregó en la cantidad de un heredium a cada grupo gentilicio.
[3] En los orígenes romanos era la única tierra que pertenecía a la propiedad privada del pater familias, que la transmitía a su heredero.
Parece que se componía de una casa con su jardín, un cercado para el ganado, las tumbas de los antepasados y cierta extensión para el cultivo.