Esto tiene como consecuencia que elementos normalmente considerados ilegales para estas fiestas puedan ser desarrollados sin traba alguna, como por ejemplo el uso de sustancias psicoactivas o unos niveles de ruido inusualmente altos.
Surgieron así las primeras medidas legales contra las raves, consistentes normalmente en multa para los organizadores.
Al mismo tiempo, parte del fenómeno se empezó a comercializar, con grandes empresas patrocinando raves u organizándolas.
Las fiestas libres gozan de especial predicamento en Europa, y particularmente en Holanda, Francia, Alemania o España.
Este secretismo se debe a motivos de seguridad, pues no sólo el evento es ilegal sino también el hecho de la okupación, todo lo cual podría acarrear graves consecuencias legales a los organizadores.