Es también considerado como uno de los primeros y más prolíficos directores teatrales del estado.
Su interés particular como creador escénico lo llevó a retomar y fomentar el teatro mexicano de mediados del siglo XX y el teatro hispanoamericano en general.
Continuó escribiendo y dirigiendo hasta 1968, con su última obra: Doña Rosita la soltera, de Federico García Lorca.
El inmueble ha tenido varios usos a lo largo de su historia: residencia particular, colegio para niñas, claustro de monjas, escuela federal y actualmente teatro.
Cuenta con un foso de orquesta desahogos, vestiduras tradicionales, cámara negra, iluminación, sonido y video.