Si bien lo más visible de la violencia directa es la violencia física, manifestada a través de golpes que suelen dejar marcas en el cuerpo (hematomas y traumatismos), no por ello es la única que se practica, puesto que toda acción destructiva contra la naturaleza también debe de entenderse como violencia directa.
La primera es la cultura de violencia (heroica, revolucionaria, patriarcal, etc.), y la segunda se refiere a la estructura violenta en sí misma, por ser demasiado represiva, explotadora o alienante, demasiado estricta o permisiva para la comodidad del pueblo.
Sin embargo, también es cierto que algunos efectos aparecen más o menos invisibles (odios, traumas psicológicos, sufrimientos, relaciones internacionales injustas, adicción a una cultura violenta, concepciones culturales como la de «enemigo», la lucha de clases, etc.) y, aunque son igual de graves, no se suelen considerar tan importancia como los efectos materiales.
La violencia directa no mata tantas personas como las otras dos (cultural y estructural).
De este modo han surgido legislaciones, leyes, ejércitos, policía, cárceles, etc. para hacer cumplir la legalidad estrictamente.
Existen numerosos ejemplos de violencia directa, por ejemplo: un militar apaleando a una persona, el enfrentamiento entre un policía y un delincuente, una persona asesinada, un terrorista enfrentándose con metralleta a un militar, una mujer violada.
Si en un problema siempre una parte sale ganando a costa de la otra, esto no es un conflicto sino que es violencia estructural.
Por el contrario, la violencia directa, al ser la más visible de todas permite con mayor facilidad afrontarse a ella.
La violencia Estructural se manifiesta cuando no hay un emisor o una persona concreta que haya efectuado el acto de violencia sino que es una estructura y se concreta en la negación de necesidades.
Son ejemplos los sistemas cuyos estados o países no aportan las necesidades básicas a su población.
Por tanto, no se debe pretender eliminar los conflictos, puesto que estos son positivos en tanto que son oportunidades de transformación; se debe luchar a favor del no uso de la violencia para resolverlos.
Los conflictos, entendidos erróneamente como algo negativo, son connaturales a las relaciones humanas y positivos en tanto que implican cambios.
En este sentido, se han desarrollado en la Irenología, diversas propuestas de paces como alternativas, soluciones o contrapartes a los conflictos.