Sin embargo, según algunos estudiosos (incluidos algunos tan famosos como Mijaíl Lomonósov) el término «varegos» se utilizaba para referirse a todos los viajeros del mar, los comerciantes y piratas, independientemente de su origen.
Los eslavos orientales y los bizantinos, sin embargo, no distinguían a los escandinavos de otros pueblos germánicos cuando utilizaban este término.
[10] Entre el contingente se encontraban un grupo de hombres llamados Rhos a quien el emperador bizantino solicitaba a Ludovico el libre paso por el imperio franco para que pudieran llegar a su destino, descubriendo en las conversaciones que se trataba de suecos (comperit eos gentis esse Sueonum), aquellos hombres hostiles del norte acostumbrados al saqueo en sus dominios y los retuvo un tiempo hasta convencerse de su honestidad y que no eran espías para conocer mejor las debilidades del imperio carolingio.
A diferencia de Normandía o las islas británicas, donde fue crucial la influencia escandinava, la cultura varega no sobrevivió en el este.
Al contrario, las clases dominantes varegas de dos de las ciudades Estado más poderosas, Nóvgorod y Kiev, fueron eslavizadas, aunque el nórdico antiguo se habló en Nóvgorod hasta el siglo XIII y una fuerza mercenaria escandinava continuó prestando sus servicios a los emperadores bizantinos.
Aunque normalmente mantenían relaciones comerciales pacíficas con los bizantinos, se sucedieron agresiones contra Constantinopla en 860, 907, 911, 941, 945, 971 y 1043.
Los príncipes de Kiev y Nóvgorod contrataron como mercenarios a los varegos desde el siglo IX hasta el XI.
En 989, la guardia varega, conducida por el propio Basilio II, atracó en Crisópolis para enfrentarse a su adversario, Bardas Focas.
La brutalidad de los varegos se hizo patente cuando persiguieron al ejército derrotado y «los cortaron en pedazos alegremente».
Esta nueva fuerza de élite fue conocida como la «Guardia Varega» (Τάγμα των Βαραγγίων, Tagma ton Varangion, en griego).
Con los años, se fueron uniendo nuevos reclutas de zonas tan alejadas como Suecia, Dinamarca y Noruega, dándole un toque predominantemente escandinavo a la organización hasta finales del siglo XI.
Compuesta principalmente por escandinavos durante los primeros 150 años, la guardia comenzó a verse acrecentada por anglos y sajones tras la invasión de Inglaterra por los normandos.
Por aquel entonces ya un gran número de anglosajones y daneses había emigrado al Imperio bizantino por el Mediterráneo.
Una excepción a destacar a la legendaria lealtad varega para con el trono ocurrió en 1071: tras ser derrotado por el sultán Alp Arslan, el emperador Romano IV Diógenes fue enviado de vuelta para que gobernara en Constantinopla, pero sus rivales en la corte tenían otros planes.
La guardia estaba estacionada principalmente en Constantinopla y podrían haber habitado barracones en el complejo del Palacio de Bucoleón.
Más aún, fueron el único cuerpo del ejército que defendió con éxito parte de la capital durante la Cuarta Cruzada.