Provenía de una familia profundamente culta y antaño influyente, pero que había experimentado un importante declive en tiempos recientes.
Estudió en Atenas bajo la tutela de Diofanto el Árabe y comenzó su carrera como tutor privado en Constantinopla.
[4] Continuó recibiendo un salario imperial, aunque este fue temporalmente suspendido, lo que le llevó a escribir numerosas cartas para reclamarlo.
Criticó las crecientes presiones imperiales sobre la cultura tradicional orientada a la ciudad, apoyada y dominada por las clases altas locales.
No obstante, aunque Libanio gustaba de asumir el papel de un ciudadano honesto e independiente, a menudo se preocupaba por obtener para él y sus amigos honores y privilegios concedidos por la autoridad imperial central.