Horacio Aguirre, un buen amigo, era quién le prestaba los libros para que pudiese estudiar.
A los 20 años se consagró por primera vez campeón y recibió el trofeo de artillero.
Como premio recibió un auto Toyota, que vendió para compartir el dinero con sus compañeros de equipo.
Regresó a la Argentina, donde jugó en Newell's Old Boys de Rosario hasta 1982 y luego se hizo empresario del fútbol.
Era un bon vivant, codeándose con figuras tales como Carlos Monzón, Alain Delon o Jean Paul Belmondo.
Esa promesa nunca se cumplió, y tras un exitoso paso por Newell´s, recaló en Huracán donde jugó su último encuentro en 1981.
Luego, utilizó la experiencia que acumuló en Europa y se convirtió en representante de jugadores.
El Chirola tenía dinámica, buen manejo del balón, inteligencia y remate con ambas piernas.