En cada palabra, las terminaciones -a, -a-m y -u-it —y no la posición que ocupan en la frase, como sucede en cambio en la mayoría de las lenguas modernas, romances o no— expresan la función gramatical.
Sin embargo, generalmente el orden de las palabras se atiene al paradigma Sujeto Objeto Verbo, aunque las variaciones de este modelo son muy frecuentes, especialmente en la poesía, así como en la prosa para expresar matices sintácticos y estilísticos sutiles.
Así todas las vocales se representaban solo mediante los cinco signos que para este fin poseía el alfabeto de las colonias griegas de Italia: A (a), E (e), I (i), O (o), U (u) (los signos del griego para las vocales largas η y ω sencillamente no fueron usados para representar vocales).
Ocasionalmente, durante el Imperio, algunos textos marcaron algunas de las vocales largas con á, é, í, ó, ú.
La posición donde recae el acento prosódico está determinada por la cantidad vocálica de la penúltima sílaba.
La doctrina tradicional establece las cuatro siguientes reglas para decidir si una sílaba es larga o breve y, por lo tanto, averiguar la posición del acento: Además, debe tenerse en cuenta que las combinaciones vocálicas "ae" (æ) y "oe" (œ), que son diptongos, siempre son largas (y, a veces, lo es también la combinación vocálica "au", que puede tratarse como diptongo o como hiato).
Modernamente se realiza un análisis fonológico que resulta más simple en términos de mora.
Las reglas para la acentuación prosódica son las siguientes: Más sencillamente, si clasificamos las sílabas latinas en pesadas (las acabadas en vocal larga o consonante) y ligeras (todas las demás) y consideramos que las sílabas pesadas tienen dos moras y las ligeras una sola mora, se puede comprobar que el acento recae sobre la penúltima mora antes de la última vocal.
Existen en latín clásico seis casos: Existen restos fosilizados de un caso adicional indoeuropeo: el Locativo, únicamente en el número singular, para indicar localización, bien en el espacio, bien en el tiempo: ruri, 'en el campo', humi, 'en la tierra', Romae, 'en Roma', vesperi, 'al atardecer'.
Particularidades: 1.ª: Los nombres femeninos de la primera declinación (ejemplos: dĕa 'diosa', fīlĭa 'hija', liberta 'liberta', magĭstra 'maestra', amīca 'amiga', sĕrva 'esclava', etc.) cuyo correspondiente masculino pertenece a la segunda declinación, siempre y cuando compartan idéntica raíz (ejemplos dĕus 'dios', fīlĭus 'hijo', libertus 'liberto', magĭster 'maestro', amīcus 'amigo', servus 'esclavo', etc.) presentan en los casos dativo y ablativo del plural una desinencia en -ābus (y no la esperable -īs) con el fin de poder diferenciarse de aquellos: 'vg.'
La mayoría de los nombres pertenecientes a esta declinación son de género masculino (aquellos cuyo nominativo singular termina en -ŭs/-ĕr/-ĭr) o neutro (aquellos cuyo nominativo singular presenta la terminación -ŭm).
Se denomina concordancia a la igualdad en caso, número y género de dos palabras.
Son los siguientes: La declinación es como sigue: hic, hæc, hoc (este, esta, esto) iste, ista, istud ('ese, esa eso') ille, illa, illud (aquel, aquella, aquello) Son los siguientes: Se llaman relativos porque se relacionan con un antecedente.
En latín los verbos meteorológicos (pluit 'llueve', tonat 'truena', fulgurat 'relampaguea', ninguit 'nieva', son defectivos; aunque también lo son verbos que expresan deber o necesidad (libet 'agrada', licet 'es lícito', decet 'es adecuado', dedecet 'no es adecuado', oportet 'es necesario', refert 'importa', ...) y otros que expresan sentimiento (piget 'tener pena', paenitet 'arrepentir', miseret 'tener compasión', etc).
Corresponde al complemento del nombre (adnominal) que en español va introducido por la preposición "de".
De medio se expresa por ablativo sin preposición cuando el medio es una cosa y por acusativo con per cuando es de persona = cornibus tauri se tutantur; adeunt Caesarem per Haeduos -muchas veces la relación de medio latina no corresponde a la castellana; equo, curru vehi; pedibus ire; ludere pila; terra Macedoniam petit: se dirige a Macedonia por tierra.
Con los verbos que significan vestir, adornar, alegrar, intruir, acostumbrar: erudire exercitum omni disciplina militari.