Además de la leyenda que acredita la pertenencia del libro a una biblioteca personal o institucional, por lo general el exlibris exhibe también alguna imagen.
A estos procedimientos tradicionales se añadieron posteriormente el diseño y la impresión por computadora o la reproducción fotográfica.
Es asimismo en esta época finisecular, la del auge de la bibliofilia, cuando crece el interés por esta afición (exlibrismo), aparecen los primeros coleccionistas, empiezan a surgir asociaciones y comienzan a celebrarse congresos y concursos.
En España, el primer tratadista sobre exlibris fue el Doctor Thebussem (seudónimo del erudito Mariano Pardo de Figueroa).
Matilde López Serrano, en Exlibris en la Biblioteca de Palacio (1947 y 1976), amplió ese breve catálogo.