Es bastante parecida al plátano (Musa × paradisiaca), que pertenece al mismo género, pero se diferencia de este en que sus frutos no son comestibles y en tener un follaje más erguido y angosto.
Además, es su fibra la que le confiere una especial valía económica, por su utilidad para la industria textil.
Su fibra (producto también conocido como cáñamo de Manila)[1] es muy apreciada por su gran resistencia y durabilidad.
Ya en ese momento, los nativos la cultivaban y la utilizaban para confeccionar telas.
Durante la gobernación española, a este tipo de tejido se le denominaba medriñaque.
[5] Este comercio del siglo XIX fue predominantemente con los Estados Unidos y la fabricación de cordaje se realizaba principalmente en Nueva Inglaterra, aunque con el tiempo la fabricación se trasladó a Filipinas.