Hijo de Quintavalle di Berardello, perteneciente a una familia adinerada.
Finalmente, decidió seguirlo, dejándolo todo por el evangelio.
Vendió todas sus pertenencias para entregárselas a los pobres.
Fue un hombre siempre fiel al ideal de Francisco; lo cual le trajo problemas, pues tras la muerte del santo, fue marginado de la orden y no se le tomó en cuenta.
Continuó su andadura durante otros quince años, tras los cuales se retiró como ermitaño, permaneciendo allí hasta 1240.