Fue uno de los monasterios más importantes del período carolingio, junto con St.
Gallen y Fulda, que estuvieron en estrecho contacto intelectual con Reichenau.
El monasterio se disolvió en 1757 y los últimos monjes abandonaron la isla en 1803.
El estilo arquitectónico se corresponde con la arquitectura otoniana de las zonas septentrionales.
Además de la dedicación a las miniaturas, los monjes trabajaron la orfebrería; entre las creaciones destaca la Corona Imperial conservada en Viena.
Reichenau entonces no era más que un despacho de administración con doce monjes.
La isla era conocida en origen como Sintlas-Au o Sindleozesauua en relación con el nombre de su propietario.
La isla estaba cubierta de un bosque virgen poblado con serpientes, sapos e insectos.
Pirminio obró varios milagros en la isla, hizo manar una fuente en cada lugar donde había pisado.
Así, Pirminio juntos otros monjes que le acompañaban, lograron despejar la isla y fundaron en ella el primer monasterio.