), es una locución latina, que hace referencia a lo esclarecedor que puede resultar en muchos casos, a la hora de determinar la autoría de un acto que permanece desconocida (por ejemplo, en un delito), el preguntarse por, y llegar a determinar, quiénes se habrían de beneficiar con sus resultados.
[1] Se utiliza para cuestionar quién obtiene ventajas o beneficios en un determinado contexto, especialmente en la resolución de crímenes, análisis políticos o investigaciones sobre actos sospechosos.
La idea subyacente es que, al identificar al beneficiario de un acto, se puede deducir quién tiene motivos o intereses en llevarlo a cabo.
Aunque este principio es muy usado en criminalística, ni es sencillo determinar quién o quiénes son los que podrían ganar, ni muchos de los beneficiados tienen por qué haber estado implicados en el crimen, máxime cuando el culpable los usa como "cabeza de turco" para distraer la atención sobre su persona.
Séneca utilizó esta expresión en Medea (acto primero, escena primera, versos 500-501): "cui prodest scelus, is fecit", (Aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido).